Hay que saber distinguir entre el Perfeccionismo y el amor a la Perfección, porque son dos cosas bien distintas.
Casi todos conocemos a algún perfeccionista que se pasa horas maquillándose antes de salir de casa, el que tarda un siglo en preparar las maletas, el ama de casa que limpia y relimpia sin descanso, el deportista que vive para su marca, aquellos que se desgastan siguiendo normativas sin cuento, quienes nunca acaban su tarea porque siempre les parece necesariamente mejorable… Designados como perfeccionistas desde la psicología y como anancásticos desde la psiquiatría, estas personas son portadoras de una genética peculiar y de unos hábitos mentales y conductuales muy concretos que tendrán —si no se les ayuda— una dolorida existencia cargada de lastres, frenos y contradicciones que mermarán significativamente su calidad de vida y la de su entorno. Y tantas veces ¡son ellos los últimos en enterarse!
El Perfeccionista vive una conducta de excesos, desgastes innecesarios y bajos rendimientos que pueden derivar en procesos psicopatológicos y psicosomáticos (Ansiedad, Depresión, Fibromialgia, Obsesiones, Trastornos de la Conducta Alimentaria y de la imagen corporal, Adicciones, Anomalías de la Personalidad, dificultades en el trabajo, en la comunicación interpersonal o familiar, etc...). En cuanto a las relaciones sociales el perfeccionista sufre y hace sufrir viendo frustrada su buena voluntad y empobrecida su actividad generosa.
Cuando surgen estos conflictos entre la buena disposición para las tareas y los resultados negativos en el rendimiento o en la comunicación es preciso diagnosticar el Perfeccionismo, pues nos jugamos una buena cuota de felicidad para el sufrido paciente y quienes le rodean.
Hay que saber distinguir el Perfeccionismo y el amor a la Perfección, porque son dos cosas bien distintas.
El libro aborda este problema tan común y devastador, su
detección (con cuestionarios de diagnóstico) y sus soluciones.
Está dirigido a padres y educadores, médicos y psicólogos, profesores e investigadores y, muy especialmente, a las personas afectadas,
conscientes o no, y a sus allegados.